martes, 25 de noviembre de 2014

VICTOR MUÑOZ DESTITUIDO. RANKO POPOVIC NUEVO ENTRENADOR

El Serbio Ranko Popovic ha sido el elegido para ser el nuevo entrenador zaragocista tras la destitución en el día de ayer de Víctor Muñoz. Simplemente hemos copiado este interesante articulo de Ignacio Martín del Periódico de Aragón para refrescar memorias.
La quinta etapa de Víctor Muñoz en el Real Zaragoza tampoco ha acabado bien. Suena, por prematuro, a injusto adiós para el entrenador aragonés, que solo una vez, coincidiendo con el año de su retirada como futbolista, pudo marcharse de su ciudad con una sonrisa. Fue tras aquella famosísima promoción ante el Real Murcia (1991). Después, ni siquiera encontró una recompensa justa a su etapa más brillante como técnico, la última en la que el conjunto aragonés pudo celebrar algo, antes de que llegara Agapito Iglesias con Víctor Fernández de la mano, antes de la hecatombe.
Deberá quedarse Víctor con ese ciclo que transcurrió entre el 2004 y el 2006. Entonces también aterrizó para recomponer al Zaragoza que se le escapaba a Paco Flores. No solo logró la salvación, sino que llegó al cielo de Montujic con ese equipo gallettico. Dos años y pico más tarde, al final de su contrato, se marchó con los títulos de Copa y Supercopa, además de esa inolvidable edición copera en el 2006, en la que eliminó a Atlético, Barcelona y Real Madrid, incluyendo aquella inolvidable noche del 6-1. Se fue sin reconocimiento alguno, y algo dolido.
Regresando al 91, también entonces se iba de cabeza el equipo a Segunda, en aquellos tiempos en los que era inconcebible tamaño fracaso. El presidente, José Ángel Zalba, tomó tres decisiones que cambiaron la historia. Lo que para muchos fue el embrión del maravilloso equipo que conquistó la Recopa, comenzó con la destitución de un entrenador uruguayo llamado Ildo Maneiro, la elección como sustituto de Víctor Fernández, que entrenaba al filial, y la repesca de Víctor Muñoz, un pedazo de futbolista pese a que consumiera sus últimos días. Menos de dos meses estuvo tras dejar el Saint Mirren escocés, donde cerraba ciclo tras pasar con éxito por el Barça (1981-88) y la Sampdoria (1988-90).
Sin él, no cabe duda de que el Zaragoza no hubiese conseguido la permanencia. Si algo le sobraba era carácter, como ya se había apreciado en su primera etapa en el club, como ha demostrado hasta su último día en el banquillo. Ese carácter, esa fuerte personalidad, le ha llevado siempre a ser impermeable a la presión, a regirse por sus propias ideas, a no aceptar consejos ni imposiciones de los jefes, a no soportar los caprichos de jugadores. Todo eso ha marcado el camino de este zaragozano recio que a pocos deja indiferente.
Le cantaban en La Romareda aquello de "chupón, chupón" desde bien joven. Con 19 años, en 1976, debutó. Nunca se inmutó. Siguió pidiendo el balón, regateando, siempre competitivo, siempre ganador. Tras un quinquenio zaragocista, el Barcelona pagó 70 millones de pesetas por su fichaje, una cantidad enorme para la época. Era el primer adiós. Solo queda por contar uno, en aquella opaca etapa del 92-93 en la que sus rígidas relaciones personales con el presidente Soláns, Víctor Fernández y compañía hicieron pensar que la figura del director deportivo, entonces manager, era absurda.
Se ha marchado Víctor Muñoz, lo han echado, esta vez parece que para siempre. Queda su personalidad, su tenacidad, y esa generosidad que tuvo al regresar al Zaragoza hace unos meses, cuando Agapito iba a hacer volar todo en pedazos. Se dice que fue por interés, y se dice muchas veces por eso mismo. No se puede dudar, en ningún caso, de su cariño, de su compromiso, de su profesionalidad. Se marcha un aragonés, un zaragocista de corazón, y eso nunca puede ser una buena noticia.

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